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Asertividad vs. Evitación: el miedo de hablar por no saber cómo hacerlo apropiadamente.

la asertividad

¿ Cómo se relaciona la asertividad con la conquista de nuestra propia libertad?

Seguramente en algún momento de vuestras vidas, habéis aceptado o conocéis personas que han aceptado situaciones que les resultaban incómodas porque pensaban que es de mala educación mostrar su desacuerdo o simplemente decir no. O tal vez habéis dicho sí cuando en realidad no querían hacer algo, porque consideraban que la otra persona se podría llegar a sentir defraudada o se podría llegar a enfadar.

O a veces os habéis guardado vuestros sentimientos por miedo al rechazo o porque habéis aprendido que no es adecuado mostrarlos a los demás, ya que esto os podría hacer parecer más débiles y vulnerables. O el miedo a la soledad, al rechazo; el miedo a la responsabilidad de ser dueños de nuestras vidas y el miedo a la libertad.

Luis Muiño, autor de “Perder el miedo al miedo”, dice que la libertad implica que uno es autor de su propia vida. Por ello, si nos consideramos libres, estamos asumiendo como cualquier creador, que somos responsables y autores de nuestros éxitos y nuestros fracasos.

Pese a ello, el miedo a la libertad nos impide en muchos momentos de la vida cotidiana.

Por ello la capacidad que tenemos las personas para afirmarnos en nuestras decisiones, tener criterio propio y cuidar nuestro espacio personal es clave para nuestra libertad.

Esta capacidad es la habilidad para respetar y expresar aquello que necesitamos, sentimos y pensamos, actuando en consecuencia, sin pasividad o agresividad. Y se llama: asertividad.

Quizás a veces, confundimos nuestra dificultad para comportarnos de una manera asertiva repitiendo: «yo soy así», lo que en realidad quiere decir «soy pasivo» o «soy agresivo», o es que «yo tengo un carácter». La buena noticia es que la asertividad, la inhibición o la agresividad se refieren a estilos de comportamientos y, por tanto, son aprendidos, y pueden reaprenderse. Ser capaces de pedir lo que consideramos que nos corresponde, lo que es nuestro, sin necesidad de pasar por encima de nadie, ni de enfadarnos, ni dejar de decir lo que realmente pensamos por miedo a la reacción del otro se aprende.

A muchos de nosotros, cuando éramos pequeños nos enseñaron que no debíamos contradecir a nuestros mayores: padres, familiares y profesores. Por ello, esa idea puede llegar a arraigarse y convertirse en una voluntad inconsciente de intentar complacer siempre a otros, dejando atrás nuestras verdaderas necesidades, para evitar confrontaciones, rechazos, o la sensación de culpa por haber herido los sentimientos de alguien. La permanencia en intentar satisfacer y priorizar a los demás, anteponiendo las expectativas ajenas antes que nuestras propias necesidades o bien guardar silencio cuando alguien decía algo que no nos gustaba ha ido minando nuestra verdadera libertad de ser, sentir, expresar y vivir en coherencia con lo que verdaderamente somos.

Pero junto a la educación recibida, existen también otros factores que determinan que no nos comportemos de forma asertiva. Por ejemplo, porque existe una baja autoestima y autoconfianza; o bien por el significado de ciertos estereotipos sociales, culturales o familiares en nuestra vida; o porque estamos estresados o nerviosos, o por nuestro tipo de personalidad; o también por nuestras experiencias anteriores.

En palabras de Comte-Sponville, «no se nace libre, uno se vuelve libre», de forma que a lo largo de nuestra vida vamos adquiriendo mayores cuotas de libertad en la medida en que elegimos, tomamos decisiones, nos hacemos responsables de lo que queremos.  

Por ello, la responsabilidad, en este sentido, nada tiene que ver con ser buenos o hacer las cosas bien, dado a que no corresponde a una categoría moral, sino que se refiere a la habilidad para responder, en la medida en que uno mismo se hace cargo de lo que le ocurre y decide responder ante ello.

Asumir la responsabilidad de nuestra vida supone asumir nuestra libertad.  Y sí, podemos aprender a ser más asertivos, a expresar nuestras opiniones, a decir no, expresar nuestros deseos y sentimientos, comprometernos y salirnos de lo que los demás esperan de nosotros sin sentirnos culpables, con respeto hacia nosotros y los otros.

Por fortuna la asertividad es un comportamiento que se puede aprender y mejorar comunicando de forma consciente nuestros sentimientos sin dejarnos llevar por las emociones, y se sustenta sobre la autoestima y confianza en nosotros mismos ayudando a sentirnos más confiados y nos comunicaremos más efectivamente cuando lo necesitemos.

¿Para qué nos puede servir ser asertivos?  Ser asertivo nos sirve para exponer a los demás cuáles son nuestras verdades, deseos y necesidades, y para demostrar dignidad, autoconfianza y respeto por nosotros mismos cuando queremos:

  • Dar nuestra opinión, hacer una petición o pedir un favor a alguien de forma natural y no como si le estuvieras pidiendo que te perdonase la vida.
  • Expresar nuestras emociones negativas (quejas, críticas, desacuerdos, etc.) y rechazar peticiones sin que los demás se sientan heridos o molestos con nosotros.
  • Demostrar emociones positivas (alegría, orgullo, agrado, atracción) sin parecer demasiado volátiles o explosivos emocionalmente.
  • Preguntar por qué y sentirnos legitimados a cuestionar la autoridad o las tradiciones cuando no nos encajan en lo que nosotros consideramos que es bueno para nosotros.
  • Iniciar, continuar, cambiar y terminar conversaciones de forma cómoda y sin la sensación de estar faltando al respeto a nadie o callando por temor.
  • Compartir nuestros sentimientos, emociones y experiencias con los demás y favorecer que ellos compartan las suyas con nosotros de manera fluida.
  • Resolver los problemas cotidianos antes de que aparezcan emociones negativas como la ira y el enfado y la situación se descontrole.

El primer paso para ser más asertivo es conocer el origen del problema y luego prepararnos mental y emocionalmente para comenzar a comunicarnos de una manera diferente ya que es un cambio de hábitos.  

Aquí te comparto 10 tips:

1) Reemplaza tus pensamientos negativos; 2) Comprende que la gente no puede leerte la mente; 3). Defiende “tu” verdad, no “la” verdad; 4). Recuerda tu objetivo pase lo que pase; 5). Sé siempre lo más concreto que puedas; 6). Haz referencia a los hechos y no a tus juicios; 7). Añade motivos a lo que pides; 8). Habla desde “ti” y no desde “tú”; 9). Contagia tus emociones; 10). Reduce tu ansiedad con el lenguaje corporal

La asertividad, finalmente, tiene un maravilloso efecto sobre la propia autoestima, convirtiéndose en uno de sus motores. Cuanto más te respetes a ti mismo, más te respetarán los demás, y ése es, en realidad, el objetivo final de la asertividad, ayudarnos a ser fieles a nosotros y libres de todo aquello que no es auténtico.

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